19 de diciembre de 2012

Quiero arroparme en mi infancia y volver a soñar.

Quiero creer que creo un día en que dejaré de querer.

Me rindo a la deuda de descubrir cada día el deber de una renovada libertad.

Me libero de ideas que ahogan el agua que respiro.

Aprender a bailar, a cantar y a entonar, es decir, a musicalizar, se me presenta como camino atractivo y necesario.

Desde un tiempo que acaricia mi niñez sé que tendré un husky siberiano que se llamará Fuego y una gata negra de ojos verdes que se llamará Noche.

Me palpita la mente cuando paseo por las bibliotecas y sus promesas.

Me mana el corazón de un no sé qué sin nombre cuando la naturaleza rodea mis sentidos. Hay instantes en los que percibo internamente que naturaleza es todo lugar del universo y, entonces, ese sentir se fraterniza con mis circunstancias.

Quiero saber amar a todo ser, pero aún estoy estudiando ese lenguaje esquivo.

Tiempo, eternidad, muerte, vida, fuego y hielo. Busco su sinonimia.

He caido tan bajo que aprendí a levantarme.

Agradecer es iniciarse eternamente en el amor.

Muerte es lo que haces cuando terminas de vivir. Los finales siempre fueron tan elevados como las historias que los traen.

"...yo amo los mundos sutiles/ ingrávidos y gentiles..."

Mis sueños pueden durar una vida y evaporarse en un instante.

Hay una sombra que me persigue, quiere revelarme, pero corro más que escucho.

De salud frágil otrora, hace tiempo que no enferma y se reafirma en que adora el frío. ¡El frío del Norte!

Sólo sé ser más rápido corriendo al intentarlo.

La vida no me vino para perderla en tiempo, me vino para ganarla en verdad.

26 de noviembre de 2012

Del pensar

¿En qué pienso? Sabía decirlo, pero olvidé llamarlo: para qué sirve el nombre de lo que nunca llega porque jamás se fue. En rostros fugaces que escapan tenaces a la mirada tendida, en instantes sorpresivos de inmanente belleza, en horrores desnudos de apasionada eternidad, en..., en..., en...aquí, por dios aquí. Un dios en minúsculas, de mi tamaño, de mis necesidades y de mi necedad que al tiempo me espera y me recuerda, y me sueña y me descubre y me rinde y me devuelve. Aquí, en mí, para mí, a mí través, que me reserva un espacio de gloria y paz, de risa y canción...espacio de amor incorrupto, unidad de silencio circular. Qué recito que reciclaré cada paso de mi ser para darle un sentido necesario, que suspiro que respiro por ser un manantial de la vida que me conduce y me sostiene, que clamo por donde quedan los techos del mundo porque espero de la esperanza.

¡Espero de la esperanza!

30 de octubre de 2012

La espera.

Necesito escribir, como el moribundo que pide beber. Haré como si supiera expresar lo que significa ver tu mundo velado por raíces antiguas y oscuras, como si quisiera abrir la puerta a las heridas y beber hasta desfallecer en la noche más solitaria.

Es cerrar los ojos y retumbar entero tu ser con el repicar de las campanas de una locura desconocida, que llama y espera. Quieres llegar y, sin embargo, te invade con una fuerza y una profundidad inmensas, impronunciables, una tristeza tan grande como tus pasiones secretas.

Sostienes tu postura con gesto perdido y reconcentrado mientras en tu fantasía ves un inmenso mar derrumbándose hacia ti. Y en el fondo sabes que todo aquel reino de sal, agua y viento que se avecina ante tu mirada, te pertenece. Sabes que el infinito golpe que te espera es un reencuentro y una ensoñación irrevocable del alma, un testigo de tu pasado más real e intrínseco, una voluntad inquebrantable y primigenia.

Queda sonreír, sonreír como antes del mayor de los ocasos mientras te preguntas ausente cuántas muertes más te esperan, cuántas olas del mar infinito te deparará el camino que el sueño que desvives te entrega.

Dónde queda el amor, dónde la santa patria que jamás llega.

21 de septiembre de 2012

Feliz cumpleaños, grata edad amigo.

Hoy quiero escribir y a estas horas (estaba todo planeado para dormirme en clase) con naturalidad y sin intensificar el estilo, de mi amigo Miguel, coautor de este blog.

Estábamos un distante día dispersando alegremente nuestro tiempo en el aula de informática de una escuela politécnica de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando entre música y vídeos de interés él tuvo el ímpetu y la voluntad de expresarme que sería una idea buena crear un blog juntos puesto que a ambos nos apasionaba escribir y habíamos comenzado a trabar una simpática amistad. Y mucho hemos disfrutado y volcado dentro de esa ocurrencia suya de hace más de tres años. Gracias Miguel.

De sonrisa facilona y gesto facial virtuoso y vertiginoso, con los años y el tiempo he ido conociendo lo que ese rostro de mil caras esconde. En tiempos de bajada sé que perdía con el mundo que anhelaba y revivía con la ilusión del alma más aniñada y noble.

Creo que él demuestra cada día a cualquiera que se pare a mirar lo que significa conservar la libertad del niño. Desde embestirme como un uro en medio de la calle y lucha grecorromana en los jardines de la universidad, a los chistes más malos, pasando por serios de minutos (en los que corría el sudor que presionaba la sonrisa) y llegando a los comentarios y actos más desvergonzados. Para acabar, siempre acabar, partiéndonos de risa.

Creo que es de reseñar, que fue a yoga de pequeño y que recuerda cada uno de los movimientos y frases que su profesora le enseñó. Eso nos brindó una mañana de contorsionismo bastante interesante y a mí la oportunidad de comenzar aprender ese arte de meditación.

Tiene una amnesia manifiesta hacia sus idas mentales y bromas explosivas, no escucha lo que no le interesa aunque lo intente, pero aprende de todo lo que sí le interesa. Deja que los insectos invadan sus pertenencias con maternal condescendencia y da pésimos consejos con la mejor intención jajajaja.

Podría escribir más y de distinta manera, traer un poema o llevar el lirismo, pero sinceramente dejaré que el poso filosófico lo dejen nuestros días de yogas, nuestras conquistas de las montañas, las sesiones de fotografía, las letras que lleguen al blog y las que marchen al silencio. Que de la amistad hable, el tiempo que nuestras decisiones nos depare.

Un abrazo Miguel Herranz, te deseo que vuelvas al polvo, ya me entiendes, y que próspero sea tal camino.

9 de septiembre de 2012

Poesía de viejos.

Hace algunos días mientras caminaba con rumbos y tareas anodinos que exige la existencia social me encontré de pleno y por sorpresa con un diálogo ajeno que impresionó y provocó todos mis sentidos más valiosos.

Me crucé mientras me dirigía al estanco con dos ancianos de cinco extremidades que con paso penoso y trabado caminaban acompañando sus soledades del calor de una conversación. Mis despistados y atentos oídos palparon y degustaron dentro de este casual asalto indiscreto de los sonidos de la urbe la palabra poesía, con un tono apasionado que contrastaba con la voz quebrada y apergaminada de quien la entonaba.

Mis pasos continuaron y mi mente se desdijo del suceso hasta que regresaron al cruce donde estos dos ancianos continuaban su idilio dialéctico acerca del sentido verdadero de la poesía. Mis pasos se detuvieron y mi mirada se volvió descarada hacia ellos con la firme intención de contemplar invisible el prodigio y desarrollar las tempestades poéticas que amenazaban con rescatar mi conciencia del estado despierto.

Ahí estaban, octogenarios y tambaleantes, gritando en defensa y rescate del sentido puro de la poesía verdadera. Sin pelo pero con viento, sin piernas pero con camino, firmes y apoyados en el bastón sutil de las raíces de tierra oscura. Con la fuerza del que eleva la intensidad de una voz temblorosa y de quien, ante la misma muerte, habla más allá de la vida, surgiendo en verbo y soplo de la eternidad.

Será expresivo que confiese que quise o creí ser observador de la expresión clara del verso de Bécquer. Que refiera que algo en mi interior rugió: ¡pero siempre, habrá poesía!

Y si me veo en el espejo del porvenir y traigo conmigo la fantasía de luengos años... me veo anciano de cuerpo débil y huesos grandes y cansados, que recogiéndose siguen danzando con la música de la belleza, que aún sin hambre ni alimento digiere los pastos del buen amor; la sombra de una sombra de una sombra que sus velados ojos advierten sigue buscando la luz en su mirada y el corazón con latir quejumbroso continua llamando el origen del principio con una esperanza...ya esperada, ya convencida.

13 de agosto de 2012

Un dieu sauvage

Hace unos días vi "Un dios salvaje", una película en la que tomaron cuerpo de manera efervescente e hilarante, pero progresiva, ideas acerca de los buenos usos y la cortesía protocolaria que ya se venían fraguando en mí desde la observación y la crítica de la "buena" educación occidental.

Se nos da un camino adecuado y se nos enseña una conducta apropiada, nos aducen a una amnesia en medio de un sucedáneo de bienestar y nos extirpan la curiosidad del mundo junto con la pasión de conocer. Si no hay preguntas, tampoco respuestas y, así, puedes elegir la que más te convenga aunque te engañes.

Sabemos que tenemos que taparnos la boca al bostezar, pero nunca se nos enseñó a escuchar a nuestros sueños ni a entender nuestras pesadillas.

Cada día queda muy cordial y civilizado decir compulsivamente por favor y gracias, pero nadie te explicó ni te guió hacia el significado bíblico de la máxima: "Pedid y se os dará". Tampoco te descubrieron el sabor del agradecimiento, ni la pureza psicológica de la generosidad.

Deja salir antes de entrar, cede el asiento a tus mayores, no eleves el tono de voz ni hables con la boca llena y serás alguien digno de vivir en sociedad. Parece razonable y hasta bueno pero se va fundiendo en una amalgama indistinguible de normas con valor humano y auténticas chorradas que homogéneas se integran en la cabeza del humano insubstancial para darle una ley que sigue insípidamente sin entender, que le recoge y le esconde, que le incluye y le normaliza ante los ojos de sus semejantes.

Reprime todos tus impulsos más básicos fingiendo en todo momento que eres capaz de controlarlos aunque te estén destrozando la mente por dentro. Si aún eres capaz de sonreír a un conocido nadie se dará demasiada cuenta.

Reír como un niño y hasta romper cualquier tensión, hablar más alto de lo que late tu corazón, decir lo que piensas,ser indiferentemente diferente, esquivar la presión de la reprobación ajena, bromear sobre cosas serias o, en definitiva, cualquier tregua a la vida es cosa de bohemios y maleducados.

Pero más que lo que se aprende, pesa lo que se sabe porque se ve, las mil barreras que se pone la gente para excusarse su infelicidad y esconderla de las miradas que la ignoran o que la quieren. Las fronteras y las aduanas que las personas se imponen porque están seguras de que no merecen la libertad del viento. Las pesadas anclas que hacen del mar un vano espejismo de eternidad.

Nos enseñan a pararnos y nos dejan que malgastemos toda nuestra vida en encontrar las razones de nuestro estatismo. Pero ¿quiénes? Lo más triste es eso, nadie, porque nadie puede si decides lo contrario o, más bien, lo alternativo. Nadie te puede separar de la vida si la eliges como camino y destino.

Aunque lo más peligroso y acaso lo que echa por tierra cualquier posible ínsula ventajosa en este mar de desventuras que nos marca cegarnos a lo establecido es que nos da mucho espacio para desarrollar a la sombra y fresco de su polvorienta figura toda clase de mezquindades, podredumbre y decadencia invisible y sabrosa. Invisible porque nuestra buena imagen la esconde y sabrosa porque cualquier cosa es preferible al agujero de la vida, al hastío. Podemos vivir tranquilos y aceptados, e, incluso adulados mientras nos corrompemos sin ojos que nos reflejen la luz oscura de nuestra estrella apagándose.

Yo continuamente veo tras el velo de la buena apariencia, enormes luchas de poder que bajo las normas establecidas tratan de derribar al contrincante desde sí mismo. Tira de la cadena, baja el cuello e inclínate, siéntete culpable, deja que te salve...deja que alimente mi ego animal sin pisar la línea de la mirada social, sin dejar huella ni garras.

Y así se veía en la película, dos parejas de padres que se reunían para solucionar la trifulca de sus hijos en la que uno de ellos le había roto la mandíbula al otro con un palo. Comienzan dialogando conciliadores, pero tras la tensión sutil y casi imperceptible al principio de la reunión en la que los padres de la víctima exigen a los del agresor una cesión, una inclinación, va desembocando con genialidad de los actores en una violencia psicológica desaforada que desnuda a todos los personajes desvelando que están podridos por dentro hasta un extremo insospechado desde las sonrisas y pretenciosa humanidad inicial. Una corrupción oculta tras la cortesía y que tan solo las concesiones crecientes a las tensiones reprimidas acaba desvelándoles, a ellos mismos, a sus parejas y a sus invitados.

Todos acaban afirmando que ese es el peor día de sus vidas, por ser el día en el que se abandonan a ver aquello en lo que se han convertido y que han aplastado bajo la presión de la apariencia interpretada y deslucida tras décadas de rendición y pérdida.

Con el tiempo suficiente uno aprende a discurrir naturalmente (o casi) bajo las corrientes del contexto social, a respetar los mandatos y las llamadas de la naturaleza para en lugar de cortarlas y sustituirlas poder regarlas y aportarles la luz necesaria para vivir una vida auténtica desde lo que realmente somos. No es ser lo que escuchamos sino escuchar lo que somos, respetarlo y evolucionarlo.

Eso son alturas a las que ni el Dios Salvaje llega, pero si tengo que vivir en tierras que en secreto adoran al dios salvaje yo prefiero sabanas con leones, que urbes de deformes y secretos monstruos. Allí por lo menos el Dios Salvaje es justo.

2 de junio de 2012

La existencia de las realidades


            Todo objeto o percepción tiene un principio y un final. Si no existiese esta dualidad las cosas no podrían dejar constancia de su paso o nunca podríamos darnos cuenta de su presencia. Por ello el principio y el final, el nacimiento y la muerte son los sucesos que nos definen.
           En resumen, temo a la muerte tanto como amo a la vida.