30 de enero de 2013

Obsolescencia programada

Así es como se conoce al fenómeno por el cual las cosas tienden a fabricarse con fecha de caducidad. Un fabricante decide, a priori, antes de lanzar su producto final, que el nuevo Iphone 5 tendrá una vida útil de 3 años, por ejemplo. Y con vida útil no me refiero a que saquen el Iphone 6 en 3 años, y tu viejo Iphone se quede "out-of-fashion", sino que ese teléfono que se supone que aún debería funcionar perfectamente, tras 3 años, deja de hacerlo. Comienza a fallar sin motivo alguno, pero no es un fallo fruto del azar o la mala suerte, ni siquiera de un mal uso. Es un fallo totalmente premeditado, establecido a posta, para que por necesidad, acabes invirtiendo en el mismo producto (mejorado y más caro, eso sí). Y con el Iphone no hago más que una exageración, ya que éste "fenómeno" se aplica en cualquier proceso productivo, ya sea en lavadoras, frigoríficos, bombillas, y una larga lista de ejemplos y demás etcéteras.

Existe una bombilla en una estación de bomberos de no sé dónde exactamente, que lleva encendida desde hace más de 100 años. Una prueba bastante evidente de que, si las cosas se hacen con cuidado y bien, perduran.

¿El por qué de que esto exista? En principio, se pensó como una solución a la Depresión económica americana: para poder sacar la economía adelante, había que obligar al consumismo. Pero ... eso quedó atrás hace ya mucho, ¿no?

Si queréis comprobar la existencia de este fenómeno tan curioso y materialista en la vida real, basta con llevar algo a arreglar, y que el amable señor de la tienda te acabe aconsejando: "Sale más rentable comprar uno nuevo que arreglarlo" Que este mundo se agota, decían. Que volveremos a vivir en cuevas, decían.

- Enviado desde mi Iphone 5

27 de enero de 2013

La risa flamenca, ¡flamenca!

Me entra la risa flamenca con aquellas personas que viven manipulando los deseos de los demás. Porque cuando al fin lo consiguen, se suben al sitio más alto que encuentran (pongamos que un taburete), y con el ánimo más triunfal gritan con pasión: ¡Vencí! Tras lo cual se vuelven a bajar con las manos vacías y una vaga sensación de que no tienen ni puta idea de lo que es la vida.

23 de enero de 2013

Definición



Mi vuelta a los ruedos no sera anunciada, pero para mí va a ser un hecho de lo más significativo.

Resumiendo, he leído, quiero decir, me he leído todo lo que escribí, y por un momento el horizonte se separó de la línea de tierra, así es como defino yo, obtener perspectiva reveladora.

Perdonarme, hace mucho, mucho tiempo que abandone estos campos, mi caballos murieron de hambre ya que los pastos no crecieron y por un momento abandoné el mundo de las indagaciones mentales motivado por el mejor de los motivos, la felicidad simple y llana.

Alejándome del arte, yo siento (sentía) la necesidad de expresar, mas bien la enfermedad de expresar, porque estoy triste, no estoy feliz, las circunstancias, malditas y constantes ellas.

Hoy es la hora de forzar, por asuntos, casualmente motivadores; por un momento he llegado a pensar que se me dio bien escribir durante estos años y que mis textos fueron y son como el buen vino, hay que dejarlos abandonados en el tiempo y con sus circunstancias (otra vez) y eso es lo que les ha dado tridimensionalidad y tal vez madurez y dulzura infantil, creo que de esto último he encontrado bastante.

Navegando entre delfines, no me gusta hablar sobre mi mismo; de lo que siempre hable fue de la vida enmascarada en lo que a mi me pasaba. No hace poco me encontré con una definición (de algo) que escupiré de mi memoria, ¡aterrorizados quedáis!.

Este algo es toda aquella creación que tiene como único propósito ello mismo. Bonito por fuera, Mordor por dentro, ¿qué es?....una top model.....navegando entre delfines otra vez.
La definición podría ser la vida misma, pero no, esta descrita tal cual para referirse a lo que es arte y lo que no lo es. Por lo que es una manera para comprender lo inexplicable que es la vida, podemos afirmar que la vida es arte y la tierra es un bonito museo, la típica galería de arte de un pueblo perdido que tuvo auge cuando fue abierto pero terminó siendo un restaurante, un mesón.

Haciendo resumen del resumen, esta entrada quedará etiquetada con la palabra vida, como la mayoría de mis entradas. Creo que es la etiqueta comodín para todos los casos, risas a mi.

Por último agradecimientos a Lupus Aley y Koala Felicis por ser vosotros, que fácil. (Creo que habéis desatado al tigre)

22 de enero de 2013

Guerra de baile.

Estoy alegre, con ánimo brusco y pensamiento focalizado. Una desgarbado presencia que se acerca a la audacia del borracho y el atrevimiento del seductor.

Un estado mental que quiere acercarse a la agilidad que me capacitaría para que, con estoque de filo sutil, pudiera escindir la comisura de las costuras que velan un misterio importante.

Me gustan los guerreros que saben bailar. Los guerreros son siervos de la guerra, se quiera ésta apellidar con el nombre de un dios o de un país. Así que sabiendo bailar danzarían al compás del sueño de aquello que la guerra entrega a la humanidad con roces sin daño y contacto sin coces.

Imaginad, pensad un rato o un año, que cada vez que un hombre le declarase enemistad con intenciones a otro, cada vez que un país quisiera derribar a otro únicamente sucediera que todos bailaran. Jajaja, ¡duelo de bailes!

Lo más importante de esto es que no estoy bromeando, mi mente está vendida al arte más supremo y sé la tragedia, el amor y la venganza que pueden encerrarse (o liberarse) en una coreografía, un coro de cuerpos.

21 de enero de 2013

Recopilación

              

               En una fría tarde de invierno, una joven muchacha escribía sus inquietudes en un diario. Debido a la proximidad del fin de ese año, se había propuesto hacer una pequeña reflexión a papel de las vivencias acontecidas en aquel periodo de 365 días.
 
                La idea le había venido de improviso, mientras se dedicaba a otros quehaceres.  En el preciso instante en que se le ocurrió, le había parecido un proyecto asombroso: poder rememorar momentos irrepetibles, hacer un recuento de sus fallos para no repetirlos, describir sensaciones que de otra forma podrían caer en el olvido, y una larga lista de ventajas que le hicieron dejar al instante sus otras tareas para poder esbozar un pequeño esquema de lo que tenía en mente. Sin embargo, pese a su esfuerzo y empeño iniciales, al cabo de unos minutos tuvo que dejar de escribir, pues otras actividades requerían de su atención.
 
                Al atardecer, después de terminar con todo lo que tenía pendiente, pudo por fin dedicarse a tal magnífica labor. Comenzó escribiendo en un estilo coloquial y alegre: las palabras salían a borbotones de su alma, y deseaba plasmarlas tal y como le venían a la cabeza. Todo parecía ir a las mil maravillas hasta que llegó un punto en que su mano cesó de moverse. Consternada, se percató de que su esquema inicial no estaba terminado, y llevaba un buen rato yendo a la deriva entre los felices recuerdos de su memoria. Para poder retomar el hilo de sus pensamientos, dejó el bolígrafo, y comenzó a releer lo que llevaba anotado. Casi de manera inconsciente, todo lo que había transcrito hacía referencia a vivencias totalmente banales y sin importancia. Recuerdos vacuos y divertidos,  pero nada transcendente. Nada profundo. Como cabe esperar, intentó ahondar más en su interior, en busca de algo relevante.
 
                Comenzaron a pasar las horas, y con ellas, la luz del día se extinguió por completo. La pequeña hojita del esquema, que en un principio había sido digna de admiración por su pulcritud y limpieza, ahora se hallaba llena de anotaciones rápidas e incoherentes, entrelazadas por flechas, e incluso tachadas con rabia. Jamás se habría imaginado que aquel proyecto tan prometedor, que le había llenado de tierna ilusión, se convertiría en aquella quimera tan espantosa. Puesto que se veía incapaz de desanudar el barullo de emociones que había desatado inconscientemente, se dejó llevar por la desesperación. Gruesas lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, ardientes y cargadas de enojo. Era como tener constantemente la palabra en la punta de la lengua, y no ser capaz de pronunciarla. Se sentía tan frustrada que, finalmente, convirtió a su pobre diario en víctima directa de aquel absurdo ataque de ira: en apenas unos instantes, el trabajo de todo aquel día, aquellas páginas llenas de sentimientos y anécdotas, quedaron ocultas para siempre bajo un torbellino de líneas que parecía no tener principio ni fin. Una vez terminada la masacre literaria, cerró el diario y lo escondió, como si fuese un horrible secreto que jamás debiese ver la luz. Casi automáticamente volvió a la realidad y recordó todas las cosas que le quedaban por hacer, cosas que había pospuesto esa tarde para, a su parecer, acabar haciendo algo totalmente carente de lógica y valor.
 
                Como si nada hubiese ocurrido, los siguientes días se dejó arrastrar por la rutina y por las facilidades de seguir un horario preestablecido. Apenas con tiempo para pensar, se limitó a continuar su vida justo donde la había dejado: antes de querer abrir su particular Caja de Pandora. Sin embargo, el ajetreo diario le hizo ver que ya no sólo no tenía tiempo para pensar, sino que además, tampoco tenía tiempo de hacer las cosas que le gustaban. Aquel molesto impertinente hizo que odiase aún más su pequeño fracaso, que no pudo más que apreciar como un tiempo valioso e irrecuperable totalmente malgastado.
 
                La incomodidad mental en la que se hallaba cuando estaba a sola con sus pensamientos, sumado al constante frenesí del día a día, hicieron mella en su estado anímico, que se redujo a un malhumor más que notable. Una tarde, una amiga preocupada por ella le hizo una pequeña visita. Hablando de todo un poco, le sonsacó a la joven el por qué de su malestar, y en un intento por aconsejarla y consolarla, entreabrió de nuevo aquella pesada Caja que tanto había costado cerrar. Cuando vio que la muchacha comenzaba a discurrir sin orden alguno, la interrumpió suavemente, y le preguntó:
 
                “¿Qué importa eso ahora? ¿Acaso va a cambiar algo? ¿Te va a ayudar eso a mejorar tu vida en este preciso instante?
 
                La joven, confundida, no supo contestar. Cuando su amiga se marchó, el peso de aquellas preguntas recayó sobre ella. Pensativa, a la vez que dubitativa, se acercó al lugar donde había escondido el diario. Lo tomó entre sus manos y releyó vagamente lo poco entendible que asomaba de entre las rabiosas líneas. Con decisión, se sentó en el escritorio, tomo un bolígrafo, y escribió a continuación:
 
Si no sueltas el pasado, ¿con qué mano agarras el futuro?
                 
                Y escrito esto, cerró el diario de nuevo y lo guardó, en un lugar mucho más vistoso que antes. Sintiendo paz al fin después de tantos días de remordimiento, observó detenidamente el simple encuadernado, pensando en qué diría su posterior yo cuando leyese aquella última frase. Quizás decidiese tacharlo. O quizás no.

Repartición de bienes



"[...] y como bien sabes, no se podrá sustituir nunca, pues un agujero negro no puede coexistir con nada que tenga cerca, ya que lo absorbería. Lo que tengo que hacer es aprender a vivir con ese agujero, y a ser posible, alejar el resto de mis espacios de él, para que no los absorba. Para que no te los quedes."

20 de enero de 2013

El deseo más puro.

Mirad aquel anciano desnudo con luenga barba y cabellera cana como único obstáculo de su desnudez.

Qué espectáculo verle correr por entre unas matas seguido de perros, salta peña tras peña con la intuición guiando su vertiginoso movimiento, se encoge y gira y atrapa entre sus manos la consecuencia de su salto, y sube y serpentea a través de la piel de la montaña. La atrofia muscular de su cuerpo nonagenario es desoída por la voluntad de la evidencia.

Su mirada es irrevocable, él llegará. Y levemente se asoma el milagro, sus facciones y su constitución se van recomponiendo en un rejuvenecimiento progresivo. Cada paso, cada zancada y cada altura tomada dejan la promesa de un año menos sobre la fisionomía del anciano. Se va firmando en su presencia el testigo de un regreso, el testigo de un ocaso.

La piel ajada va resolviéndose en una tersura vehemente y elástica, los surcos de sus ojos se retiran para extender un entorno decidido a su mirada incansable que no ve por donde va sino a donde se dirige. Los músculos renacen en el reino del cuerpo haciendo de su acelerada e inagotable carrera un hecho más razonable pero igual de extraordinario y fantástico.

Llega a la pasional y cándida juventud en su rostro y acaso se asoma ya en su barbilla la barbarie barbilampiña jajaja, y ante su perspectiva se alza aquel lugar que solo él conoce y conocerá, aquel bosque de robles que en su interior tiene un círculo geométricamente perfecto de unos 15 metros de diámetro en el que no crece la vegetación. Aquel lugar, su lugar, mi lugar.

Atraviesa el perímetro del claro ya un niño de blanca y hermosa desnudez en plenitud de lo que algunos dan en llamar ser. Jadeando se detiene recuperando el aliento que el anciano embargó al niño, se acerca lentamente al centro donde hay una piedra de obsidiana, negra como la noche que acompañaba la escena. Levanta la piedra y la pone a un lado y con una delicadeza inexpresable recoge un poco de la tierra húmeda que reposaba bajo ella para después untarse el rostro con ella como si fuera un bálsamo de pura belleza, con esa expresión de éxtasis que tienen algunos niños cuando son felices.

Tras ello, derrama una lágrima, dos y hasta tres ,mientras su rostro acoge un gesto de suma concentración y transcendencia. Sus manos se dirigen con inteligente precisión a la superficie de la piel donde se hunde su corazón e introduciendo la yema de sus dedos en su carne atrapa un hilo de plata del que tira y tira hasta obtener unos metros de la etérea sustancia. Con profundo amor lo enrolla cuidadosamente y lo mete en una bolsita de seda blanca que cierra tirando de su cordel.

Ahora con una expresión de profunda pero consolada pena, con un terrible afán de contención y pasión deja la bolsita sobre el surco de tierra húmeda que había bajo la piedra. La expresión de su cara es análoga pero con una dimensión mística a aquella que adquirió el rostro de Bob Cratchit mientras depositaba el bastón del pequeño Timy, su hijo, en la tumba en que descansarían eternamente sus restos. Un adiós espiritual.

La bolsita como impelida por unas arenas movedizas se sumerge en la tierra. El niño viejo coge la piedra y la deposita encima. En el oscuro cielo nocturno una estrella fugaz destella con una luz que él responde con el deseo más puro.