6 de octubre de 2013

Reloj de aire

                      Lo único que calla todo el ruido es zambullirse en lo mas profundo y dejar de pensar en que te falta el aire. Evadiéndote puedes incluso olvidar el hecho de que tienes que respirar, tu cuerpo se relaja y todo está en calma.

                       Tus burbujas de aliento se escapan como las dunas de un reloj de arena que caen por su propio peso. Mientras que la arena cae, en otro mundo el aire sube hasta que se agota. Sólo queda la acción, una bocanada de aire, una vuelta de reloj.

2 de octubre de 2013

Anhelo


Quiero, mas no puedo
querer más de lo que debo.

Quiero poder querer más, 
pero querer más no es lo que debo: 
querer más es lo que yo más quiero.

14 de septiembre de 2013

La Melodía del Sabio

               
                El repentino despertar del sabio le sumió en la duda y el desconcierto. Llevaba tanto tiempo en aquel estado latente de reflexión y misticismo, que se sentía entumecido y abrumado ante la realidad, de nuevo expuesta ante sus ojos, de la que conocía tan poco en ese instante.

                Tomando el cayado que yacía a su vera, se izó el sabio una vez más, para explorar el mundo, vivirlo  y después volver a meditar. Era el eterno ciclo de su existencia, y con cada nuevo desvelar descubría y olvidaba a su vez todo lo que cosmos pudiese mostrarle. Creación y destrucción formaban parte a la par de aquel aprendizaje, por lo que negó todo cuanto supo, y se preparó para lo que estaba por ver.

                Anduvo mucho tiempo perdido entre los páramos brumosos de aquel terreno, habló con pájaros y escuchó lo que piedras y cantos pudieron contarle, mas demasiado hacía que el Hombre los había abandonado, y poco pudieron enseñarle. Se sumergió en heladas aguas, congeló sus cansados y callosos pies al caminar por la nieve, el cielo castigó su frágil cuerpo, y los árboles cesaron de darle cobijo. Consternado por la situación y lo deficiente de su nueva vivencia, se sentó a contemplar el paraje, intentando buscar algo nuevo, el regalo de lo desconocido.

                Fue en ese entonces cuando percibió el cantar de un extraño ser, que venía desde la lejanía. El cántico era melódico, lleno de matices suaves y cálidos, como el roce de un rayo de sol en una fría tarde de otoño. Cantaba a varias voces, que se mezclaban entre sí con una maestría y coordinación dignas del mejor elogio. Embelesado por la belleza de tal sonido, dejó llevar sus pasos sin percatarse de que se alejaba, con la premura del niño expectante, del refugio de los bosques.

                Presa del hipnótico hechizo de la gracia en su estado más puro, fue adentrándose poco a poco en la nueva civilización, plagada de ruidos y olores a los que no pudo prestar la mas mínima atención, tal era la fuerza del encantamiento. A poco estuvo de morir arrollado por el más extraño de los carruajes, pero ni eso fue capaz de frenar su inexorable caminar. De esta forma llegó a la fuente del sonido, lleno de ilusión y deseo.

                A pesar de que lo que encontró no era en absoluto lo que el sabio esperaba ver, no pudo articular siquiera palabras de descontento o expresar su asombro. Se trataba de un exótico artilugio de grandes dimensiones, a cuyo frente se sentaba una niña de tierna edad. Al aproximarse más descubrió que tocaba, llevada por la pasión, unas teclas blancas y negras que no podían pertenecer más que al instrumento. La joven, sumida en su propio universo, abrió los ojos y cesó el balanceo de su cuerpo para fijarse por primera vez en el anciano.

-          ¿Quién eres? – quiso saber, inconsciente de ante quién se hallaba.

                El sabio, quien no había tenido la oportunidad de aprender el nuevo idioma, negó con la cabeza, sin apartar la vista de las teclas. Señaló torpemente el artilugio, y después la señaló a ella. Sin embargo, a pesar de la sencillez de tal gesto, la niña comprendió enseguida y volvió a tocar. Cuando finalizó, alzó la vista y sonrió ampliamente, pletórica y ruborizada.

                El lento caminar del sabio hacia la niña se le hizo una eternidad. Con parsimonia y solemnidad se sentó a su lado, y posó suavemente un artrítico dedo sobre una de las teclas blancas. La niña rió, de forma cantarina y alegre ante el gesto de admiración del sabio, y se dispuso inocentemente a enseñarle a tocar.

                Dio entonces comienzo a una de las escenas más bellas jamás presenciadas a ojos del erudito, quien había olvidado todo para poder dejar lugar a aquella sublime experiencia. Sin necesidad de más comunicación que las propias notas, sabio y niña intercambiaron melodías y armónicos, silencios y corcheas, pero sobretodo sonrisas. No obstante cuando la chiquilla se levantó, con pesarosos ojos de despedida, el sabio rompió a llorar.

-          No temas. Puede que yo me marche ahora, pero la Música nunca se va. Está en cada uno de nosotros, en la tierra y en el agua, en la lluvia, el sol, las aves y el viento, no sólo en el piano. Puedes seguir creando música, donde quiera que estés, aunque no tengas tu instrumento cerca. Cuando sientas la llamada de la Melodía simplemente déjate llevar, pues no conoce de límites ni fronteras. El Mundo es tu instrumento, y está ahí para ti en todo momento. Mientras haya Mundo, habrá Música.

                Y con estas palabras, la niña marchó dejando al sabio atrás. Compungido frente a las teclas del piano, ya no pudo tocar más, pues notaba que sin la muchacha se había extinguido en él aquella poderosa fuerza que le impulsaba crear. Sintiendo que ya nada le quedaba en aquel lugar, volvió cabizbajo y desolado hacia el lugar en el que había despertado.

                Se sentó allí de nuevo, con los ojos llenos de lágrimas, percibiendo un inmenso vacío en su interior. Cerró los ojos, buscando de nuevo el consuelo del Sueño, mas no podía despejarse lo suficiente como para volver a dormitar. Sentía que aún le quedaba algo más que hacer en aquella Era: no había explorado tanto como le habría gustado, o tanto como sabía que hizo en otros tiempos. Pero el momento de meditar había llegado, y su Lapso se expiraba a un ritmo acelerado. Por primera vez en toda su historia, no deseaba que llegase ese momento. La ansiedad comenzó a carcomer su interior, mientras su mente se alejaba lentamente del cuerpo mortal, en contra de su voluntad. Aún le faltaba algo. Y no se trataba de ningún lamento relacionado con todo lo que todavía no había visto o experimentado.

                En los últimos instantes de consciencia, el sabio volvió a escuchar, suave como un murmullo, el rumor de la Naturaleza. Los pájaros piaban a lo lejos, los truenos rompían el horizonte más allá de donde la vista humana podía vislumbrar, y el siseo de las aguas le llegó tenue y difuminado. Fue entonces cuando, de improvisto, todo se reunió en una sola Gran Melodía, acompañándose todos los elementos entre sí, coordinados, perfectos, hermosos. No quiso partir sin hacer su pequeña aportación al conjunto, y mientras su corazón se paraba, henchido de felicidad, tamborileó con los dedos al son del compás del Mundo. Y así fue como el sabio marchó también, con un solo pensamiento de despedida:


                “El Mundo es mi instrumento, y esta es mi Melodía”


2 de septiembre de 2013

Compasión.

Estoy surcando en mi frente el signo continuo que guía los pasos de la vida radiante.

Estar siendo un ser enfrentado terminalmente a la impermanencia, requiere de la locura de estrechar sendas manos al enemigo: la derecha a la plenitud; la izquierda a la nada.

Siempre guardo mares en mi mirada para los escenarios de la ternura del mundo, que son sumideros del estado de la compasión.

¿Compasión?

Esa cosa pavisosa que dicen, que tiene, que vierte lástimas en las zanjas de la vida...

¡No!

Esa gloria del corazón que abre tanto el mundo que desborda la desgracia en la belleza, ese sueño santo del corazón curando.

¿Penar por mí con lágrimas y palmaditas desfilando? Antes, qué me corten la cabeza y la disparen al universo hasta llegar a cantar junto al bramido de los límites, que dejar que una sola de esas lágrimas moje mis cenizas, regando con su viscosidad los prados yermos de mi tumba en muerte.

Quiero rescatar el llorar con sangre transparente y pura los tesoros en el adiós, por sus presencias en el presente y no por su pérdida. Llorar con orgullo y honor, con pasión y candor a mi abuelo, a mi inocencia extraviada, a mi futuro ahogándose en mi libertad, a la sombra que me habla, a la luna que me hechiza, a las formas palpitantes de la realidad que hacen de su observación un espectáculo transitado por cimas y simas, circunferencias de centro omnipresente.

Pasión perfecta que guarde en su seno el respeto profundo por la dignidad ajena en la propia, esa, es mi compasión.

Allí habitan el grito nacido presentándose al mundo, el gemido de su madre que desliza nueva vida desde el fuego de sus carnes, el grito inveterado del guerrero que se entrega al furor de la batalla, el último estertor del viejo que muere con sonrisa, la trampa del niño en su pregunta, las penas del hombre y su sentido.

Guerra pasiva, hondo respeto, asimilación unitaria de la experiencia de vivir. Salmodia liviana, dulzura pícara y salvas silenciosas del arte de vivir.

¡Compasión!¡Compasión!¡Compasión!

Con pasión.

24 de mayo de 2013

Beauty


"Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar... pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida... No tienen ni idea de lo que les estoy hablando seguro, pero no se preocupen... algún día la tendrán."

18 de mayo de 2013

Jajajahihua...

-J.T. ¡Maldita sea! Como sigas así vas a acabar matándote.

- James Taylor, soy James Taylor, nada de J.T.,no me quites letras, las quiero todas, todas... -dijo lentamente y dejo caer cual reloj de arena una uniforme línea de cocaína sobre el dorso de su mano-.

- ¿Quieres que te enseñe mis cicatrices? La vida nos ha golpeado a todos, la fortuna baila con quien quiere. Buscas las disculpas de Dios en el fondo de tu puta droga.

-Matándome...eso tendría más coherencia que...este maldito latido que me recuerda la conciencia que viola a la memoria una y otra vez en... ese día.

(Oye perro impertinente, está usted en nuestra propiedad, esta noche es nuestra jajajahihua....Elige, la sonrisa del joker o el cascanueces, nosotros ponemos la música jajajahihua....Qué calor debes tener, traes demasiada piel jajajahihua).

-Jajajaja, eres todo un místico que estiras el yo como el universo: hacia la nada. Pero lo único que se te ilumina es la locura.

- Y tú un cínico cabrón que, sin embargo, no puede dejar a un amigo autodestruirse tranquilamente- replicó a la par que nevaba sus fosas nasales comos si aspirara el más puro aire de montaña-. Mi redención es el olvido y mis neuronas me hacen pecar...

(¡AAAHHH! ¿QUÉ QUERÉIS?....Lo tuyo más tuyo que tienes, la trampa secreta del niño, la puerta cerrada del cuerdo, las llaves del cielo perdido jajajahihua....Os juro que me vengaré....Hay seres que respiran el mar, otros en el aire flotan y los hay que por la tierra se arrastran como tú, nosotros somos distintos, el caos es nuestro medio y nada puede matarnos , todo nos acaba.....¡Matadme ya!).

-Te ayudaré a matarlos, haremos que se arrepientan de lo que hicieron, tendrás tu venganza y tu fría libertad.

-Nada haría eso, la venganza nada ofrece, ellos no son nadie. Yo me rompí en el caos y ellos son ahora como el puto sol, me da igual que exploten.

-¿Y qué piensas hacer?

-Esto. La memoria es su victoria, el olvido es mi venganza- se bebió la botella de ron hasta el final y se desmayó-.

(Jajajahihua.........................................)

15 de mayo de 2013

Fado filosófico.

Yo sueño la vida que pasa y regresa.

Me sueño morir, por pasos pasados, que pesan y penan en notas de fado.

Palacios pendientes de finos acuerdos, oscilan como espadas, sombras de Damocles.

Y mezclo aterrado, la sombra y la risa, porque lo que yo hice, yo lo quise. Y eso es una histérica risa por los suelos.

Que no es fácil morirse y el tiempo templa hasta en los soles furiosos, el grito y la llama. Porque cada composición se deshace por ser, el efecto perdido de una causa, que aún sabiéndose nunca se halla, nunca se perfecciona. Como la sombra que serpentea por la llama, tú escalas los abismos de la conciencia para saberte, electivamente, perdido.

No hay pasión que me soporte, en un rostro preciso, porque como el olor que evoca, yo respiro en cada evento lo soberbio. Aún traspuesto, aún psicótico, yo recorreré al vuelo de la esperanza el color de la noche, hasta que sentado en la brisa de la calma, encuentre en lo inaprensible las esencias de lo sublime.

Pace mis llanuras hasta que termines, de cada pasto su verdor, y dame a mi la tierra limpia, emplasto paciente de mi ferviente nación. Porque yo soy la patria de Israel, en tus carnes están sus fronteras y cuando el amurallado caiga abatido del viento del verbo, tú y yo seremos legión, en una sola cosa eterna de ti y de mí.