Tras la
estocada, no quedan más que los restos de lo que otrora fue el escudo más
fuerte, la mano más firme, el mandoble más temido. Las lágrimas rotas corrompen
el alma del Imbatible, y lo abaten, para mayor vergüenza, para mayor deshonor
del que se creyó Dios en pies de Hombre. Y sus rodillas caen, caen en un tiempo
indefinido, que se expande mucho más allá del lapso de tiempo que abarca, caen
en el Infinito, una y otra vez, en un bucle irrefrenable. ¿Qué fue de su
fortaleza, de la cual estuvo tan orgulloso? ¿Qué fue de su templanza, de su
temeridad, qué fue de todo aquello que le definió antes del Ocaso, antes de su
derrota? Tras la estocada ya no queda nada, sólo un mar de dudas y
desconfianza, miedo y fantasmas. Caminar sobre arenas movedizas es todo lo que
queda, hasta el fin de sus días. Con temor de dar un paso al frente por si el
final está un paso más cerca, siendo impensable el volver atrás, pues el camino
fue tortuoso y desandarlo no es más que no vivir lo que le queda. Desvivirse
por desentrañar el pasado no evoca más que desgracia, pero, ¿cómo seguir andando, si se siente sin
fuerzas, temeroso y desconfiado?
Disculpadme,
pues solo vine a vomitar malestar en forma de palabras vacías e inconexas de
sentido en su totalidad. No albergo más que pesar por este malentendido de vocablos,
de cuya finalidad no estoy hoy sintiendo orgullo alguno. No existe mensaje, pues
no vine a transmitir uno como tal.
Lo único que calla todo el ruido es zambullirse en lo mas profundo y dejar de pensar en que te falta el aire. Evadiéndote puedes incluso olvidar el hecho de que tienes que respirar, tu cuerpo se relaja y todo está en calma.
Tus burbujas de aliento se escapan como las dunas de un reloj de arena que caen por su propio peso. Mientras que la arena cae, en otro mundo el aire sube hasta que se agota. Sólo queda la acción, una bocanada de aire, una vuelta de reloj.
El
repentino despertar del sabio le sumió en la duda y el desconcierto. Llevaba
tanto tiempo en aquel estado latente de reflexión y misticismo, que se sentía
entumecido y abrumado ante la realidad, de nuevo expuesta ante sus ojos, de la
que conocía tan poco en ese instante.
Tomando
el cayado que yacía a su vera, se izó el sabio una vez más, para explorar el
mundo, vivirlo y después volver a
meditar. Era el eterno ciclo de su existencia, y con cada nuevo desvelar
descubría y olvidaba a su vez todo lo que cosmos pudiese mostrarle. Creación y
destrucción formaban parte a la par de aquel aprendizaje, por lo que negó todo
cuanto supo, y se preparó para lo que estaba por ver.
Anduvo
mucho tiempo perdido entre los páramos brumosos de aquel terreno, habló con pájaros
y escuchó lo que piedras y cantos pudieron contarle, mas demasiado hacía que el
Hombre los había abandonado, y poco pudieron enseñarle. Se sumergió en heladas
aguas, congeló sus cansados y callosos pies al caminar por la nieve, el cielo
castigó su frágil cuerpo, y los árboles cesaron de darle cobijo. Consternado
por la situación y lo deficiente de su nueva vivencia, se sentó a contemplar el
paraje, intentando buscar algo nuevo, el regalo de lo desconocido.
Fue
en ese entonces cuando percibió el cantar de un extraño ser, que venía desde la
lejanía. El cántico era melódico, lleno de matices suaves y cálidos, como el
roce de un rayo de sol en una fría tarde de otoño. Cantaba a varias voces, que
se mezclaban entre sí con una maestría y coordinación dignas del mejor elogio.
Embelesado por la belleza de tal sonido, dejó llevar sus pasos sin percatarse
de que se alejaba, con la premura del niño expectante, del refugio de los
bosques.
Presa
del hipnótico hechizo de la gracia en su estado más puro, fue adentrándose poco
a poco en la nueva civilización, plagada de ruidos y olores a los que no pudo
prestar la mas mínima atención, tal era la fuerza del encantamiento. A poco
estuvo de morir arrollado por el más extraño de los carruajes, pero ni eso fue
capaz de frenar su inexorable caminar. De esta forma llegó a la fuente del
sonido, lleno de ilusión y deseo.
A
pesar de que lo que encontró no era en absoluto lo que el sabio esperaba ver,
no pudo articular siquiera palabras de descontento o expresar su asombro. Se
trataba de un exótico artilugio de grandes dimensiones, a cuyo frente se
sentaba una niña de tierna edad. Al aproximarse más descubrió que tocaba,
llevada por la pasión, unas teclas blancas y negras que no podían pertenecer más
que al instrumento. La joven, sumida en su propio universo, abrió los ojos y
cesó el balanceo de su cuerpo para fijarse por primera vez en el anciano.
-¿Quién eres? – quiso saber, inconsciente de ante
quién se hallaba.
El sabio,
quien no había tenido la oportunidad de aprender el nuevo idioma, negó con la
cabeza, sin apartar la vista de las teclas. Señaló torpemente el artilugio, y
después la señaló a ella. Sin embargo, a pesar de la sencillez de tal gesto, la
niña comprendió enseguida y volvió a tocar. Cuando finalizó, alzó la vista y
sonrió ampliamente, pletórica y ruborizada.
El
lento caminar del sabio hacia la niña se le hizo una eternidad. Con parsimonia
y solemnidad se sentó a su lado, y posó suavemente un artrítico dedo sobre una
de las teclas blancas. La niña rió, de forma cantarina y alegre ante el gesto
de admiración del sabio, y se dispuso inocentemente a enseñarle a tocar.
Dio
entonces comienzo a una de las escenas más bellas jamás presenciadas a ojos del
erudito, quien había olvidado todo para poder dejar lugar a aquella sublime
experiencia. Sin necesidad de más comunicación que las propias notas, sabio y
niña intercambiaron melodías y armónicos, silencios y corcheas, pero sobretodo
sonrisas. No obstante cuando la chiquilla se levantó, con pesarosos ojos de
despedida, el sabio rompió a llorar.
-No temas. Puede que yo me marche ahora, pero la
Música nunca se va. Está en cada uno de nosotros, en la tierra y en el agua, en
la lluvia, el sol, las aves y el viento, no sólo en el piano. Puedes seguir
creando música, donde quiera que estés, aunque no tengas tu instrumento cerca.
Cuando sientas la llamada de la Melodía simplemente déjate llevar, pues no
conoce de límites ni fronteras. El Mundo es tu instrumento, y está ahí para ti
en todo momento. Mientras haya Mundo, habrá Música.
Y con
estas palabras, la niña marchó dejando al sabio atrás. Compungido frente a las
teclas del piano, ya no pudo tocar más, pues notaba que sin la muchacha se
había extinguido en él aquella poderosa fuerza que le impulsaba crear. Sintiendo
que ya nada le quedaba en aquel lugar, volvió cabizbajo y desolado hacia el
lugar en el que había despertado.
Se sentó
allí de nuevo, con los ojos llenos de lágrimas, percibiendo un inmenso vacío en
su interior. Cerró los ojos, buscando de nuevo el consuelo del Sueño, mas no podía
despejarse lo suficiente como para volver a dormitar. Sentía que aún le quedaba
algo más que hacer en aquella Era: no había explorado tanto como le habría
gustado, o tanto como sabía que hizo en otros tiempos. Pero el momento de
meditar había llegado, y su Lapso se expiraba a un ritmo acelerado. Por primera
vez en toda su historia, no deseaba que llegase ese momento. La ansiedad
comenzó a carcomer su interior, mientras su mente se alejaba lentamente del cuerpo
mortal, en contra de su voluntad. Aún le faltaba algo. Y no se trataba de ningún
lamento relacionado con todo lo que todavía no había visto o experimentado.
En
los últimos instantes de consciencia, el sabio volvió a escuchar, suave como un
murmullo, el rumor de la Naturaleza. Los pájaros piaban a lo lejos, los truenos
rompían el horizonte más allá de donde la vista humana podía vislumbrar, y el siseo
de las aguas le llegó tenue y difuminado. Fue entonces cuando, de improvisto,
todo se reunió en una sola Gran Melodía, acompañándose todos los elementos
entre sí, coordinados, perfectos, hermosos. No quiso partir sin hacer su
pequeña aportación al conjunto, y mientras su corazón se paraba, henchido de felicidad,
tamborileó con los dedos al son del compás del Mundo. Y así fue como el sabio
marchó también, con un solo pensamiento de despedida:
“El
Mundo es mi instrumento, y esta es mi Melodía”
Estoy surcando en mi frente el signo continuo que guía los pasos de la vida radiante.
Estar siendo un ser enfrentado terminalmente a la impermanencia, requiere de la locura de estrechar sendas manos al enemigo: la derecha a la plenitud; la izquierda a la nada.
Siempre guardo mares en mi mirada para los escenarios de la ternura del mundo, que son sumideros del estado de la compasión.
¿Compasión?
Esa cosa pavisosa que dicen, que tiene, que vierte lástimas en las zanjas de la vida...¡No!
Esa gloria del corazón que abre tanto el mundo que desborda la desgracia en la belleza, ese sueño santo del corazón curando.
¿Penar por mí con lágrimas y palmaditas desfilando? Antes, qué me corten la cabeza y la disparen al universo hasta llegar a cantar junto al bramido de los límites, que dejar que una sola de esas lágrimas moje mis cenizas, regando con su viscosidad los prados yermos de mi tumba en muerte.
Quiero rescatar el llorar con sangre transparente y pura los tesoros en el adiós, por sus presencias en el presente y no por su pérdida. Llorar con orgullo y honor, con pasión y candor a mi abuelo, a mi inocencia extraviada, a mi futuro ahogándose en mi libertad, a la sombra que me habla, a la luna que me hechiza, a las formas palpitantes de la realidad que hacen de su observación un espectáculo transitado por cimas y simas, circunferencias de centro omnipresente.
Pasión perfecta que guarde en su seno el respeto profundo por la dignidad ajena en la propia, esa, es mi compasión.
Allí habitan el grito nacido presentándose al mundo, el gemido de su madre que desliza nueva vida desde el fuego de sus carnes, el grito inveterado del guerrero que se entrega al furor de la batalla, el último estertor del viejo que muere con sonrisa, la trampa del niño en su pregunta, las penas del hombre y su sentido.
Guerra pasiva, hondo respeto, asimilación unitaria de la experiencia de vivir. Salmodia liviana, dulzura pícara y salvas silenciosas del arte de vivir.
¡Compasión!¡Compasión!¡Compasión!
Con pasión.
"Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar... pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida... No tienen ni idea de lo que les estoy hablando seguro, pero no se preocupen... algún día la tendrán."
-J.T. ¡Maldita sea! Como sigas así vas a acabar matándote.
- James Taylor, soy James Taylor, nada de J.T.,no me quites letras, las quiero todas, todas... -dijo lentamente y dejo caer cual reloj de arena una uniforme línea de cocaína sobre el dorso de su mano-.
- ¿Quieres que te enseñe mis cicatrices? La vida nos ha golpeado a todos, la fortuna baila con quien quiere. Buscas las disculpas de Dios en el fondo de tu puta droga.
-Matándome...eso tendría más coherencia que...este maldito latido que me recuerda la conciencia que viola a la memoria una y otra vez en... ese día.
(Oye perro impertinente, está usted en nuestra propiedad, esta noche es nuestra jajajahihua....Elige, la sonrisa del joker o el cascanueces, nosotros ponemos la música jajajahihua....Qué calor debes tener, traes demasiada piel jajajahihua).
-Jajajaja, eres todo un místico que estiras el yo como el universo: hacia la nada. Pero lo único que se te ilumina es la locura.
- Y tú un cínico cabrón que, sin embargo, no puede dejar a un amigo autodestruirse tranquilamente- replicó a la par que nevaba sus fosas nasales comos si aspirara el más puro aire de montaña-. Mi redención es el olvido y mis neuronas me hacen pecar...
(¡AAAHHH! ¿QUÉ QUERÉIS?....Lo tuyo más tuyo que tienes, la trampa secreta del niño, la puerta cerrada del cuerdo, las llaves del cielo perdido jajajahihua....Os juro que me vengaré....Hay seres que respiran el mar, otros en el aire flotan y los hay que por la tierra se arrastran como tú, nosotros somos distintos, el caos es nuestro medio y nada puede matarnos , todo nos acaba.....¡Matadme ya!).
-Te ayudaré a matarlos, haremos que se arrepientan de lo que hicieron, tendrás tu venganza y tu fría libertad.
-Nada haría eso, la venganza nada ofrece, ellos no son nadie. Yo me rompí en el caos y ellos son ahora como el puto sol, me da igual que exploten.
-¿Y qué piensas hacer?
-Esto. La memoria es su victoria, el olvido es mi venganza- se bebió la botella de ron hasta el final y se desmayó-.
(Jajajahihua.........................................)